Un año de películas de sello dominicano


Armando Almánzar R. – 
 
365 DÍAS DE UNA FILMOGRAFÍA CON UN POCO DE ALTAS Y MUCHO DE BAJAS

SANTO DOMINGO.- Vaya, somos toda una potencia cinematográfica, hacemos más películas que la mayor parte de las naciones de Latinoamérica. Sí, en efecto, eso es verdad. Ahora bien, ¿podemos ufanarnos de algo más que no sea el número de filmes que hemos hecho durante el ya culminado 2008? No, ya eso es otra cosa, y otra muy diferente. Por desgracia, la mayor parte de esas cintas nos harán pasar vergüenza cuando se exhiban en países que hacen más o menos películas que nosotros. 

Porque el quid del asunto no es solamente hacer, sino saber hacer, que es algo muy diferente.

Nada menos que ocho estrenos criollos surgieron durante esos 365 días.

El primero de ellos, “Enigma”, de Robert Cornelio, es un filme que, a pesar de su muy pobre producción, a pesar de las ingenuidades y torpezas de su historia, a pesar de lo poco profesional de su factura, demostró que ese Cornelio por lo menos tiene sentido de lo que es hacer cine, que, dentro de un guión un tanto destartalado, pudo colocar, aquí y allá, detalles que revelan imaginación y destreza, “gags” que envidiarían algunos de los tan cantaleteados directores del patio.

O sea, que no deja de ser una película muy floja, pero reveladora, de todos modos, de un talento para la puesta en escena que podría brillar con un buen guión y con recursos como han tenido otros que no pueden exhibir lo que mostró Cornelio.

Por ejemplo, Jimmy Sierra golpeó de nuevo, y es evidente que tiene buena financiación porque, sin haber hecho dinero con “Lilís”, de inmediato se gastó otra buena suma con “El caballero de la medianoche”, o sea, que Cornelio, con tantas posibilidades en pesos, algo mucho mejor pudo hacer.

Pero no Sierra. Porque, luego del estruendoso fracaso de su película “histórica”, el autor se embarca en una ridícula historia acerca de un asesino en serie, un terrible matachín que viola y mata mujeres y a quien los investigadores policiales bautizan como “caballero de la medianoche” porque tiene un “método”: si la víctima se resiste, la mata, si no, la deja con vida. O sea, eso lo “deducen” en la policía luego nada menos que deÖ dos asesinatos. Porque el relato fílmico es tan torpe que ni siquiera se menciona otro que sucede con el que serían tres. Y la inclusión de una chica como “detective” en la fuerza se hace porque ella descubre lo que hay que hacer para ingresar, que no es haber estudiado ni tener habilidades investigativas, sinoÖ escuchen bien: pelarse al rape.

O sea, que, mencionando apenas un par de estupideces podemos concluir que este filme es el peor de todo 2008, y optando por el peorÖ de toda la historia.

De béisbol y viajes ilegales
Y luego, a jugar todos: “Play ball” aparece, y Alfonso Rodríguez, aunque no se coloca a la altura de “Yuniol”, de todos modos puede decirse que es un filme que puede presentarse en casi cualquier lugar sin hacernos pasar vergüenza. Claro, una cosa no quita la otra, que no pasemos vergüenza no implica que pueda considerarse un buen filme, pero, por lo menos, es un buen esfuerzo, es una cinta que cuenta una historia sin demasiadas vacilaciones y con pocos dislates que podamos recordar ahora.

Y ofrece, además, sus buenos momentos: al margen de la historia central, o sea, la del pelotero que habrá de triunfar de nuevo y la muchacha enamorada, algo que es de pura rutina, las disquisiciones deportivas de los dos viejucos, sus discusiones y comentarios es de lo mejor, y lo mismo puede decirse del personaje que aparece esporádicamente durante los juegos, el flaco que vocifera barbaridades al árbitro, a los peloteros, a todo el mundo. Son destellos que revelan imaginación dentro de un guión sin mucha pujanza.

En otras palabras, “Play ball” no es un bajónÖ por lo menos, no demasiado.

Y luego, un ingente esfuerzo, otro que hizo cine casi con las manos: el documental, más bien docu-drama, “60 millas al este”, de Jorge Lendeborg.

El autor de “Víctimas del poder”, film artesanal de 1998 que no alzó vuelo, incursiona en esta oportunidad en este tipo de cine y eso es toda una osadía. Porque, todos lo saben: si muchas de las cintas de ficción pierden dinero, ¿qué puede esperarse de un docu-drama? A la gente en un país como el nuestro, que no posee tradición cinematográfica y menos en el difícil terreno del documental, no se puede exigir, ni siquiera pedir que replete salas de cine con un filme de este tipo. Pero, desde el punto de vista del relato estrictamente cinematográfico, entonces sí se puede hablar, y hablar de este filme es hablar de un señor que, prácticamente con centavos, cuenta una historia que resulta interesante, que es reveladora, que tiene fundamento, y que ofrece momentos de verdadera certidumbre desde el punto de vista del quehacer cinematográfico.

Nosotros esperamos que, en el futuro, que esperamos no sea muy lejano, Lendeborg logre obtener financiamiento para un buen guión, y entonces veremos de lo que es capaz.

OTRAS PROPUESTAS DEL CINE LOCAL
“Excexos”, de José María Cabral, un medio metraje, revela un talento en ciernes porque Cabral, con apenas 20 años, logra una historia que, si bien es a ratos ingenua y con gazapos ñoños y momentos un tanto necios, de todos modos sacude al espectador con instantes de buen sentido en lo que a puesta en escena se refiere, y eso, muy a pesar de que estuvo trabajando con musicalizadores, sonidistas y directores de fotografía con aún menos experiencia que él, sin contar con sus intérpretes, noveles desde el punto de vista estrictamente histriónico. “Excexos” tiene momentos de fuerza dramática conseguida a través del uso de los elementos propios del lenguaje cinematográfico.

Para nuestra suerte (y para la suya, creemos), Cabral, a pesar de los elogios recibidos, no se ha dejado arrastrar y no piensa hacer más cine por ahora, hasta que termine sus estudios de realizador. Y esperamos por él porque talento, claro que tiene.

“Ladrones a domicilio”, de Ángel Muñiz, aunque tiene mucho de comedia, por lo menos se alejó bastante y bien de los “sketchs” de programas de TV alargados “ad infinitum”, y su denuncia clara y contundente sobre la corrupción que es el pan nuestro de cada día resonó fuerte en el medio. Tiene sus tonterías, tiene bobadas y huecos, pero es un buen intento de hacer un cine diferente.

“Santi Cló: la vaina de la Navidad”, de José Enrique Pintor, ofrece también sus buenos momentos, aunque con períodos bastante flojos en el guión y situaciones desconcertantes dentro de un relato que tiene también muy buenas intenciones, pero que, siempre se ha dicho, que de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno”. Pero, con la ayuda de Aquiles Correa, pero sobre todo de Manolo Ozuna, la película levanta el vuelo y se torna agradable y cursimente conmovedora.

Pero, terminamos mal: todo lo que había alcanzado Alfonso Rodríguez con “Play ball” y, sobre todo, con “Yuniol”, se cae con esa destartalada comedia mezcla de todo y buena de nada que es “Al fin y al cabo”. Con un guión que vuelve al “sketch” televisivo estirado hasta la desesperación por lo disparatado y actuaciones que ni a ese nivel alcanzan, es algo de lo peor del año.

Esperemos 2009, a lo mejor superamos… ¿Lo aceptable o lo malo?

P.D. Acabamos de ver “Cristiano de la secreta”, y es indudable que casi hemos superadoÖ lo malo: la película es sencillamente abominable. El sábado próximo escribiremos algo más sobre ella

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