Tráfico de niños haitianos: La frontera donde se pierde la infancia


POR GERARDO REYES Y JACQUELINE CHARLES

GREYES@ELNUEVOHERALD.COM / JUANAMENDEZ, HAITÍ

Con dos niños de brazos que recibe del lado haitiano de la frontera, el joven de piernas largas y vestido con un saco negro y pantaloneta, se interna en las aguas mansas del Río Masacre y, en menos de 10 zancadas, sin mojarse más arriba de la rodilla, está en República Dominicana.
Es día de mercado binacional en la frontera, la tormenta perfecta para camuflar el tráfico de niños en una caótica escena de miles de compradores y vendedores aglomerados en las calles de un pueblo fronterizo.
En medio del bullicio del mercado, entre los puestos callejeros y los carretones de madera cargados de mercancías, el hombre corre mirando a todos lados, como si se sintiera perseguido, hasta llegar a una casa donde se asoman dos brazos que reciben a los niños.
Es una maniobra fácil, certera, enteramente ilegal, que se repite una y otra vez en el punto supuestamente más vigilado de la frontera de 380 kilómetros entre Haití y República Dominicana.
“Es un juego”, dijo el primer ministro haitiano Jean-Mex Bellerive, al admitir a The Miami Herald que el contrabando se ha convertido en una fuerza económica, especialmente después del terremoto de enero que dejó un saldo de 300,000 muertos.
“Mucha gente es traficada. Hacen dinero. Todo el mundo a lo largo de la frontera se está beneficiando. Es su única fuente de ingresos. Y todos lo aceptan así”, agregó.
Después del terremoto, líderes haitianos y dominicanos se comprometieron a proteger a los niños de este cruel negocio, pero una investigación de El Nuevo Herald y The Miami Herald halló que el problema ha empeorado. Los reporteros fueron testigos de cómo los guardias de frontera recibían dinero así como del proceso de abierto contrabando de niños que ofrecen para explotación sexual y servicios domésticos.
Otros hallazgos de la investigación:
* Ambos países son conscientes desde hace tiempo de que su frontera es muy porosa para impedir el contrabando humano, pero han hecho muy poco para fortalecer la seguridad en los cuatro puntos más congestionados, entre ellos el paso del Río Masacre. Cuando los países han tomado medidas, los sectores de negocios de ambas capitales, Santo Domingo y Puerto Príncipe, se quejan de que el comercio sufre. Así ocurrió el lunes, cuando los haitianos comenzaron a protestar lanzando piedras al ver que las autoridades dominicanas estaban exigiendo documentos en el paso de la frontera.
“Cada vez que el gobierno trata de controlar su frontera o limpiarla, hay protestas; los sindicatos se molestan”, dijo Bellerive. “Es una forma de manipulación de los más poderosos en Puerto Príncipe y Santo Domingo. Una vez que se cierra la frontera, hay una crisis política”.
* Traficantes entrevistados sostienen que rutinariamente pagan a guardias haitianos y dominicanos de la frontera para pasar a los niños. Sólo ha habido dos condenas por tráfico de indocumentados en cuatro años a pesar de que el gobierno dominicano creó una unidad especial para combatir el fenómeno.
* Aun cuando las autoridades dominicanas aseguran que están combatiendo el tráfico y el abuso de menores, cerca de una veintena de niños y adultos que cruzaron ilegalmente la frontera de la mano de traficantes dijeron que viajaban a través de los puntos de vigilancia sin que les exigieran documentación.

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