Contra la cultura del crimen


Por Felipe Mora

Por lo que se ve a diario en cuanto a crónica roja que se publica en los medios, todo parece indicar que en este país hay una bien estructurada cultura del crimen. Los asesinatos de personas, los crímenes por encargo, ajustes de cuenta, las muertes pasionales, por riñas, enfrentamientos entre policías y civiles, entre otras tantas formas, están a la orden del día.

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Felipe Mora. ( Fuente Externa )

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Llevan la delantera en esto provincias como Santo Domingo, Santiago, La Altagracia, La Vega, San Cristóbal, Azua, Peravia, y el Distrito Nacional, donde los casos de muertes por violencia se producen con una frecuencia tal que en ocasiones escapa al control de las autoridades.

Y no es necesariamente que estemos afirmando que en República Dominicana haya organizaciones dedicadas a propiciar asesinatos por encargo. Pese a que las autoridades policiales han comprobado que aquí hay matones que cobran por trabajos realizados, no todos los crímenes que se producen tienen que ver con casos de sicariato.

La multiplicidad de funciones de quienes componen una comunidad, a lo que se añade toda la amalgama de temperamentos, hace que en un conglomerado que supera los 9 millones de seres humanos se encuentre de todo. Y en esta media isla no pasa un día sin que la sangre deje de correr, en ocasiones de una forma tal que desata los demonios.

En esto debemos insistir que lo peor de todo es que los casos que degeneran en tragedia, en vez de registrar una tendencia a disminuir, lo que hacen es incrementarse cada día con mayor insistencia.

Demostrado está que la autoridad ha resultado incapaz de controlar totalmente la situación, o más bien de contrarrestar la vorágine de violencia que se cierne sobre amplios segmentos de población, y que se manifiesta en crímenes del sicariato, asaltos con violencia, atracos, violencia de género, riñas.

A nadie escapa que el narcotráfico constituye un poder que de la misma manera que mueve fortunas millonarias, así también es una máquina de muerte que puede exterminar grupos de individuos o familias enteras que hayan caído en desgracia con determinados clanes mafiosos.

“Se ha estado avanzando en el combate del delito y el crimen”. Esta afirmación, del ministro de Interior y Policía, José Ramón Fadul, no necesariamente es compartida por un amplio segmento de población. Hace pocos días que este funcionario sustituyó en esas funciones a Franklin Almeyda Rancier, quien se caracterizó por ser un consuetudinario contestatario de las críticas que se hacían a su gestión.

Pero el problema está en que ese avance al que se refiere Fadul todo indica que no llega a la población, que a diario sufre los rigores del auge de la violencia y los actos delincuenciales, incluso hasta en los sitios más recónditos del territorio nacional.

El programa Barrio Seguro, creado durante la gestión de Almeyda y que ha sido llevado a distintos sectores populosos de la capital y el interior, hasta ahora no ha rendido con entera eficiencia la labor para la cual fue creado, pese a las bondades que en torno a éste pregonen las autoridades. Fadul, que recién se estrenó en Interior y Policía, entiende que no hay necesidad de relanzar Barrio Seguro, porque está funcionando, pero que será fortalecido. “Porque usted sabe que a veces hay tendencias al descuido”.

Así son las cosas. Mientras tanto, la vorágine de muertes violentas nos sigue arropando sin cesar. Lamentable para un país pequeño y pobre.

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